Los alimentos vinculados con nuestras emociones
Está demostrado que las emociones juegan un papel relevante en el desarrollo y mantenimiento de la conducta alimentaria. El comer como respuesta a determinadas emociones, principalmente las negativas como la ansiedad, depresión, ira o soledad se ha denominado “comer emocional”.
El deseo de comer cuando no se tiene hambre es un gran indicador de que se anhela algo; lo que sucede es que no se sabe con exactitud qué es, por ello, ese vacío es llenado por la ingesta de alimentos, algunas veces sin que nuestro cuerpo lo pida, corremos a la alacena, movidas por la insatisfacción, el aburrimiento, los problemas cotidianos y muchas veces para premiarnos por algo que hayamos hecho bien.
Esta frase, al igual que otras como “endulzar el alma” o “el amor entra por el estómago”, son muy repetidas en nuestra sociedad, por ello es que a la comida le atribuimos “poderes curativos o destructivos”, en este caso de las emociones, ya que le damos un valor mayor a los alimentos, que terminan determinando las cantidades o el tipo de comida que consumimos; el hecho de que estas frases las tengamos tan presentes es por la responsabilidad que le damos a lo que consumimos; así fuimos educadas, por lo que tenemos la idea de que si nos sentimos mal, nos sucedió algo que nos movió y nos hizo sentir triste, un buen platillo los arreglará, motivos que nos orillan a ir dejando círculos emocionales sin cerrar del todo.
De igual manera tenemos la idea de que lo dulce, específicamente, en comer algo con este sabor; pues se cree que nos va a ayudar a ser más positivos, tiernas o incluso lindas, es decir, a manejar nuestros impulsos o a tener una actitud distinta frente a la vida, a punto en el que una vez más las emociones están en juego dependiendo de lo que comamos.
La relación de amor-odio con lo que ingerimos es real, de ahí que muchas de nosotras pensemos que podremos demostrar nuestro amor en lo que cocinamos, razón por la que la comida se convierte en una manera de seducir a un hombre, de tener vínculos con los padres y a la vez con los hijos, pues se crean lazos de emociones y se va condicionando el amor en la medida en la que demostremos de esta manera.
Debemos aprender a diferenciar cuándo nos sucede cada cosa para que desvinculemos las emociones de lo que comemos y así no darnos atracones para llenar los vacíos emocionales o castigarnos y dejar de comer. Es importante aprender a escuchar lo que nos dice nuestro cuerpo; él sabe cuándo, cuánto y qué quiere comer por sus necesidades; ya que es tan sabio que sabe a la perfección lo que requiere para mantenernos saludables. Es indispensable abrir los sentidos y preguntarle qué es lo que necesitas de esta manera nosotras mismas haremos un examen general de lo que requerimos, si es que falta alimento o necesitamos arreglar algo que nos mantiene estresadas.
No sirve dejar de comer para perder peso, pues también las emociones se reflejan en el cuerpo, por lo que es importante sanar desde adentro los sentimientos para que el régimen alimenticio nos funcione y nos mantenga saludables; de igual manera si se come de más no es una constante que se incremente el peso sí es que el cuerpo obtiene lo necesario y deshecha lo que no del organismo.






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